viernes, 26 de octubre de 2007

Major League Leaderball

Muchas veces siento que nací con un enorme dedo señalándome.
Y a decir verdad, me acostumbré muy rápido a la idea, o más bien, aprendí a amar y a obsesionarme pronto con ella.
De hecho, sólo la he negado un par de veces, por idiota más que por otra cosa, y aunque me la pasé muy bien sin la enorme carga moral y emocional de sentir ese dedo encima, me prometí que jamás volvería a negar ese sino (si es que tal cosa existe).
Y, tal y como ocurre en la universidad, en la casa y en la vida me han y me he formado para ello. Quizá lo difícil es que siempre he luchado por desarrollar una idea de cómo llegar al final del camino que tal idea supone, que a veces ha salido y a veces no.
Ahora más que nunca estoy consciente de las voces paralelas tanto del vocalista de Hoobastank (mi banda favorita) como del santo fundador de la obra que patrocina mi escuela.
"Naciste para ser líder" dicen con gravedad.
Antes era distinto trabajar con esta idea.
De hecho, estoy a punto de olvidar cómo era... un ambiente en el que a todo mundo le vale, que a nadie le importa y con quien tienes que romperte los brazos empujándolo (a) para sacar adelante el proyecto. Ese ambiente asesino para el alma y probablemente para el éxito del proyecto, destructivo para la organización, pero que si sales adelante, te llena de satisfacciones probablemente no volverá (o eso espero).
Ahora, enfrento la situación contraria. Vivo y trabajo en un ambiente en el que a todos les importa demasiado. En el que todos escucharon la misma frase que yo y tienen la misma idea, sin importarles otra cosa. Son las ligas mayores.
Lo interesante es que creí que podía seguir jugando como jugaba en las ligas menores. Aunque esto no ha tenido las consecuencias fatales que podría haber tenido, creo que la actuación de cierto director me hizo recapacitar a tiempo: la pasión consume y la pasión absoluta consume absolutamente. He olvidado a ese arte finísimo que Greene y Elffers narraron: l'arte del potere. El ambiente hermoso y recargado de la corte, donde el más agresivo suele ser el más débil, el excesivamente zalamero es el primero en ser acabado, y sólo el más ignaramente cándido (o al menos lo que hace creer a los demás) es quien se lleva las palmas. Un arte aplicado a la administración en cuanto forma parte de alguno que otro capítulo directivo. Aquí, la cortesía es un arma exquisita, las sonrisas esconden intereses ocultos, y sobretodo la planeación absoluta de cada palabra, gesto y pausa es la llave al final del camino.
Que es una vida dura, sí, y me encanta. De hecho, podría decir que siento un tremendo desdén por quien finge despreciar este juego y lo juega como si fuera un nintendo. Al final, todos juegan, aunque quien está motivado por él es el que McClelland describió tan bien, que suele ocupar puestos en organizaciones estudiantiles, partidos políticos, deportes de contacto y suelen estudiar administración o derecho. Ma che cosa!
Creo que nunca he estado más emocionado de jugar así. Aunque a veces el sueño y la frase impronunciable (N-O P-U-D-E) me distraigan, soy más consciente que nunca que no puedo olvidar ninguna de las dos partes de la dicotomía. Una parte sola es la corrupción total: la otra es la consunción total. No puedo vivir sin las dos.

miércoles, 24 de octubre de 2007

La batalla en el Acueducto de Silvio

Las grandes batallas siempre han llevado el nombre de las localidades o parajes donde se han peleado. Nadie le ha puesto a un combate singular "Batalla de Perico de los Palotes" porque el referido fue un general exitosísimo que con su batallón batió las líneas enemigas, forzándolas a rendirse y obteniendo el triunfo para los guerreros del Imperio Panchúrico. En cambio, a todos nos suenan los nombres de aquellos lados que tuvieron a mal ser depositarios de la sangre de los combatientes: Maratón, Las Termópilas, Salamina, Arbela, Isos, Farsalia, Crecy, Poitiers, Lepanto, Yorktown, Bunker Hill, Marengo, Pirámides, Austerlitz, Jena, Trafalgar, Waterloo, Gettysburg, Verdún, Marne, Somme, Guadalcanal, las islas Midway... sin olvidar, claro, las frases que hicieron historia: "Soldados: desde lo alto..." etc.

Sin embargo, todas estas batallas, tan dramáticas y hasta cierto punto heroicas, usualmente son eclipsadas por la mayor de todas ellas. La "madre de todas", si nos atenemos a la jerga convencional. Esta batalla, cuyos mayores teóricos tomaron los conceptos de los antiguos estrategistas, tiene la particularidad de estarse peleando desde que el ser humano es humano. Por cierto que los autores contemporáneos de esta teoría se llaman Al Ries y Jack Trout. En su clásico "Posicionamiento" pusieron de nuevo en boga eso de que la mayor batallas está en el corazón de los hombres, aunque lo hayan dicho así: "el posicionamiento es la batalla por su mente".

Aunque el tema es de mercadotecnia y el título de esta entrada tiene que ver con una estructura cerebral que sirve para drenar el líquido cefaloraquídeo y por lo tanto no tiene mucho que ver con el pensamiento lógico; todo este desbarajuste viene al cuento porque ayer tuve una de esas escaramuzas ideológicas, a decir verdad, la primera, contra una cuasi-doctora en filosofía sobre liberalización comercial y proteccionismo.

Los detalles no son tan importantes. Bueno, sí. Ella quería justificar el proteccionismo porque "los países desarrollados crecieron siéndolo". Sólo bastaron un par de facts sobre la dinámica del mundo en tiempo pasado, sobre por qué el siglo XIX fue la época de oro del liberalismo en todos sus frentes y sobre los casos de Irlanda, Singapur y Nueva Zelanda para dejar callada a alguien muy docta en lo suyo, pero terriblemente ignorante de cuestiones económicas. Hasta me pidió consejo bibliográfico quesque para "saber la posición contraria". Le recomendé "Libertad de Elegir", "La acción humana" y hasta uno de Thomas Friedman, aunque de este último afortunadamente no tomó nota (el citado autor tiende a ser arrogante cuando escribe, lo cual pone argumentos en manos de quien no debería caer).

Esto me lleva a preguntarme... ¿Por qué es tan fácil que la gente ignore cuestiones económicas y mejor se crea sabelotodo y sapientísima, con lo cual se sube a lo que el presidente llamó "Torre de Marfil convertida en pedestal de imbéciles" y pontifica sobre que el gobierno debe hacer "algo" para terminar con tal o cual situación económica?

Alejandro Hope en su blog sugirió un artículo de Bryan Caplan en reason dice que los seres humanos solemos tener sentimientos ya sea anti-mercado, chovinistas, pesimistas o simplemente idiotas (para mejor explicación, mejor visitemos la página de Jonathan Gullible, que viene a ser algo así como el mundo de Sofía de la economía). Creo sinceramente que son
a) paradigmas (tortas mentales en ipadiano) que el autor de La Meta definió como "práctica común" en contraposición con el sentido común.

Es muy difícil revertir esta práctica, pero creo sinceramente que con un poco de educación económica, todo se puede cambiar en el mediano plazo. Ahora, recordemos que nuestros amigos del reino de Progresía basan todo su capital político en mantener estas mentiras, mucho más fáciles de creer que algo que no es más que los hechos y la verdad. Que lo hagan por mantener su poder o que lo hagan por grave parálisis mental, es la duda del milenio. Sin embargo, La Batalla en el Acueducto de Silvio, la batalla que se pelea en el corazón y la mente de las personas que sigo creyendo racionales, es una batalla efectivamente ganable, aunque con un riesgo altísimo. Es ganar, o perder a la humanidad completa.

lunes, 8 de octubre de 2007

Siendo Aquél



¿Por qué creo que "Yo soy aquél" es la frase más heroica que se ha pronunciado jamás?



Ésa es toda una pregunta para mí, aunque voy a intentar darle una respuesta satisfactoria en la presente entrada.



La declaración tiene de grande lo de un Borges, por ejemplo. (Dato cultural: una frase muy parecida la dijo el genial argentino para referirse a Shakespeare). Es una declaración tan resuelta como breve. Aleccionadora como mortal. Fuerte y directa como triunfal. Supone responder al estilo alta literatura a una pregunta que siempre hacen en los congresos estudiantiles chafas, en las reuniones de liderazgo de charlatanes y en las sesiones bíblicas de autoayuda.



El orador, melodramáticamente, hará que su mano apunte a la audiencia y gritará en estado fingidamente iluminado:



¿Quién eres tú?



Te pones de pie, alzas la cabeza y respondes:



Yo soy aquél.



Tres palabras. Tres sílabas. Demoledoras por sí mismas. Asesinas como saetas.



Si le pusiéramos un cuadrito de pensamiento al célebre caminante ante el mar de niebla, la cual es mi pintura favorita, seguramente sería ésa. (Aunque rivalizaría mucho con el Kyrie, discutido tan extensivamente en esta misma instancia).


Por eso creo que la frase más poética que existe, la escribió Manuel Alejandro y la dijo Raphael

domingo, 7 de octubre de 2007

Midway through the path of our careers...

Alguna vez decidí llamar a esta unidad (o capítulo, como sea) “Las aventuras del becario de la blanca luna”. Y tenía que cumplir con toda una serie de características, entre las cuales podemos contar la idea siempre persistente del camino heroico, del dolor y de la ganancia. Del paso marginal y del caer y caer y caer para levantarse finalmente.
Y sobretodo, de eso de estar flaco, cansado, ojeroso y con ilusiones.
Hoy es medio camino. Una estación transitoria justo donde habrá que mirar hacia el frente, valorar lo que se ha hecho bien, ha hecho mal, lo que me atormenta, lo que estoy obligado a lograr, lo que espero como puerto de destino desde que comencé casi accidentalmente algo no planeado como fue volverme procteriano y caminar este camino con el sol en la frente, pero sol al fin.
Eso de que el pasado es un país extranjero, frase de hace tres años (¡tre anni fa!) tiene tantas aristas… Puede ser un país que alevosamente ataque tu soberanía o puede ser una república bananera de quinta que puedes llegar a no tomar en serio, pero que es un verdadero jaque a tus intereses en el corto, mediano o largo plazos.
He visto muchas cosas estos dos últimos días: cosas bizarras y descuadradas, como fraude contable en un balance. La confianza en la construcción de mi senda se mantiene intacta, pero he recibido recordatorios, he observado detalles fuera de lugar, y sobretodo he recibido una advertencia muy seria sobre aquello que he dejado pasar por esa maldita parálisis, ese miedo tan hondo y tan oscuro que me impide dar cierto paso… y que solo se ha roto una vez, con los resultados por todos conocidos. Lo demás, puede ser paja o simple y sencillamente detalles surrealistas.
Los directores, los buenos y los malos, la promesa, la exigencia, el hastío, lo que Aguilar Camín llama “la radical sabiduría del desencanto”, los caminos separados de los amigos, los errores, el descubrimiento de tu más hondo talón de Aquiles y su uso eficaz y consistente como un instrumento de tortura macabra, la fiebre que corre por tus venas cuando escuchas a tus enemigos alzarse con el monopolio de la opinión y su creencia de la verdad, pelear a muerte con ese maldito némesis que es el desear que nada te importe, lo que sientes a las 5:30 de la madrugada en el momento en que la última alarma se activa… y la voz de un santo que te grita: El minuto heroico ha llegado…
Han sido cuatro días extraños. No sé demasiado bien con qué quedarme de ellos. Ganamos la sede del próximo congreso, lo cual me deja en la espalda una carga de trabajo considerable. Sin embargo, siento que se ha puesto la mesa para un juego de ajedrez político en el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas. En él la ineptitud, la terquedad y el oportunismo serán los actores principales. Equivocarme sería una fatalidad terrible, aunque quizá un aprendizaje de mayor calibre. No lo sé. El tiempo para la construcción de un yo corre apresuradamente, y siento que se ha andado en la dirección correcta. Estos días me han servido para mirar un poco atrás: observar ese aspecto de la construcción del yo que me he negado a atacar por el temor que me inspira y que sólo me destruye por dentro cada vez que siento la impotencia que tal descuido ha vertido sobre mí. Tengo que entender que por ahí debe pasar toda la formación personal para estar completa. Enfrentar esa batalla que tantos pelean con galanura y ganan, aunque otros la pierden al ver que se han equivocado, es una total piedra de toque. Sin salidas falsas, sin gritarle al espejo: “amigo, enemigo mío”, siendo realistas, pero luchando y cayendo, siendo humillado y vilipendiado, recordando aquellos días de inocencia destruida por la burla y el desprecio, y al final, ganando o perdiendo varias veces es la pieza faltante para seguir armando este rompecabezas y poder llegar a ser Aquél.

viernes, 24 de agosto de 2007

La que le debo a Daniel Goleman

En el último año de la prepa, en una de aquellas extenuantes y emocionalmente pesadas sesiones de práctica de psicología; (creo que era la última) algún personaje anónimo del salón de clase debía hacer un retrato tuyo, describirte, escribir tus fortalezas y debilidades y cosas así. Cada quien se rolaba los papeles para que al final la persona dueña del papelito tuviera una visión supuestamente integral de lo que pensaban de él.


El chiste es que, después de haber terminado el caos que suponía tal ejercicio, revisé lo que habían escrito de mí. El dibujo era insondable, de quién sabe quién, un garabato, donde me dibujaron sin cabello, con los ojos rasgados, y metido en un libro de historia (además, la descripción que acabo de hacer quedó halagüeña).

Pero eso no era lo importante, sino todas las opiniones vertidas sobre mi persona. Faltaría a la verdad y a las circunstancias del momento si dijera que recuerdo todo lo que escribieron.

En estos casos, casi nunca leo las afirmaciones, sino las salvedades, y la salvedad fue el reforzamiento a una de mis obsesiones de aquella época.

Decía, simple y llanamente, a la pregunta de: ¿Cómo definirías a X en una frase?

La respuesta fue: "Mucha inteligencia académica, muy poca inteligencia emocional".

Si me hubiera entristecido u obsesionado tal afirmación sólo la hubiera confirmado. Pero no. Ese momento fue una calmada indignación hacia un tema que, sentía, todo mundo utilizaba para atacarme. Era como aquel "seguro moral" que les permitía tirarla con todo en la prepa con la seguridad de que triunfarían en la vida y yo no. Pedagogía de la generación zeta para la generación ye.

Por aquellos días, yo descalificaba la teoría de Daniel Goleman sobre este tipo de inteligencia. Muchos psicólogos serios (a pesar de que son tan humanos y pasionales como todos los demás) lo han descalificado, quizá por ser un autor de bestsellers. Hoy día sigo prefiriendo la teoría de Gardner sobre las ocho inteligencias por encima de la de Goleman, aunque no hay que dejar de valorar su trabajo. Si existe la inteligencia emocional, ésta sólo se puede formar a patadas (a las patadas de la vida, por supuesto me refiero).

Pero...

A mí que me fascina ligar temas que al parecer no tienen nada que ver (eso de El Señor de las Moscas y la Economía o El jardín de los senderos que se bifurcan y la Economía o Los Reinos Fantásticos y La Economía o La Playa y La Economía) me he topado con una de ésas oportunidades inmejorables para hallar un vericueto interesantísimo.

Liguemos ahora la teoría de Goleman con una pregunta horrenda: ¿Por qué los que se dicen intelectuales casi siempre son de izquierda?

Hallé por ahí un artículo de Robert Nozick, uno de los libertarianos más famosos, que intenta dar respuesta a esta interrogante. Porque vaya que si pensamos en todas aquellas personas que se dan de latigazos por la inequidad y las contradicciones del sistema y por la justicia social y demás patrañas semejantes, casi todas han militado o militan activamente del lado oeste. Pensemos en un Pinter, un Saramago, un Chomsky, un García Márquez, un Paz, un Alberti, un lo que sea. Todos, de manera radical, descarada o presuntamente filosófica y tranquila defienden con los dientes al colectivismo.
Nozick argumenta que estas personas casi siempre fueron durante su carrera escolar magistrales en el arte de la palabra, consentidos por sus profesores y cargados y retacados de honores por las autoridades escolares en general. Casi no es importante el sistema social de las escuelas, puesto que nuestros sujetos los desprecian (o fingen despreciarlos.)
Entonces, una vez que éstos salen triunfales del colegio, se topan de frente con un mundo que:
a) No responde a los mismos incentivos.
b) No otorga las mismas recompensas
c) No valora los mismos logros.
Y como generalmente, y digo generalmente porque hay excepciones, estas personas salen rebotando en la vida. Lógico, terminan aborreciendo el sistema que cambió por completo sus expectativas y les dijo adiós con una fuerte patada.

Estuve demasiado cerca de ésa. Lo sé perfectamente. Sin embargo, a mi favor opera un argumento que quienes caen en tal batalla terminan por negar, y se pierden a sí mismos por ello: soy libre de escoger lo que me plazca, de hacer lo que quiera con tal de salir avante en mi camino (con las reservas usuales, por supuesto). Y eso, es difícil que lo comprendan.

lunes, 13 de agosto de 2007

El personaje sustituido

He comenzado un camino largo y arduo. Un camino duro y no exento de piedras y escollos a superar con todas las de la actitud. Me he sujeto a jugar con el tiempo como nunca antes, así como a lamentar por primera vez el tiempo que he perdido y el tiempo que me queda para aprovechar con todo. He descubierto también que los momentos para "la fuga" o "el escape", el hermoso concepto romántico que nunca debe abandonar a nadie, son cada vez más necesarios. Tanto que voy a poner en mi escritorio un letrero que lo diga.


También he descubierto que mis amigos, ahora, más que nunca (y menos que en un futuro) han tomado caminos separados. Quisiera verlos y contarles de todo lo que siento y todo lo que debo enfrentar, pero desgraciadamente las cosas son así: debo pelear mi camino yo solo, y la ayuda del "gracioso" del cuento, del "compañero de armas", de "la comparsa", del fiel "ayudante del héroe" o el "Deus ex machina" sólo vendrá cuando esté con el agua hasta el cuello (lo cual no espero que suceda).


En todo esto, sin embargo, hay un problema que me ronda la cabeza y tiene que ver con cuestiones de identidad. He ganado una batalla durísima para poder intentar comenzar a realizarme a partir de un punto más o menos sereno. Curiosamente, ahora que he la lucha por desdibujar todo ese juego de estereotipos ha terminado, más por las circunstancias que por mí, por un lado me siento un tanto vaciado (en contraposición a "vacío").


Ya no soy el primer promedio del salón de clases. Cuando un maestro hace la incómoda pregunta sobre ¿Quién es el más aplicado? Todo mundo señala a Mónica y es ella la que aguanta las bromas. Ya no soy el serio, Poncho me ha ganado ese puesto en el departamento. Es más, ni siquiera soy aquel culto que se sabe todos los detalles y en su enorme colección de datos a veces suelta los de personas cercanas a él. Estoy siendo, en todos detalles, un personaje sustituido.

Esta situación a veces me suele incomodar, pero las más, me presenta un reto mucho más interesante: es la primera vez que, una vez decidido con toda dirección quién soy y qué quiero hacer de mí, puedo moldear como yo quiera la imagen que pretendo proyectar. Hace años tuve una fuerte crisis porque al escuchar cierta canción de Cher reflexionaba y me moría de horror al pensar "si yo pudiera ponerle marcha atrás al tiempo". Hoy, me río. Ahora el tema central es "Kyrie" de Mr. Mister, lo cual es, por supuesto, toda una admonición a la tarea que me ha tocado desarrollar...
Ho detto

lunes, 6 de agosto de 2007

Reseña tardía

Como el mundo parece ya haberse calmado después de la furia monumental que provocara el release the TDH, entonces me siento con suficiente calma, fuerzas e inspiración para correr mi reseña del libro en cuestión.

Mucho se ha hablado y dicho. Me encanta leer las reseñas que aparecen por aquí y por allá, para darme una idea de la opinión general acerca de tal o cual suceso. Sin embargo, últimamente me ha pasado como que las reseñas negativas tienen argumentos más sentados (aunque siempre son los mismos argumentos) que las que se dejan llevar por la furia del momento. En todo esto, me he dado a la tarea de otorgar una reseña más cuidadosa, menos apasionada, aunque sí, sin hacer demasiado caso a voces exaltantes y apoteósicas por igual.

Por principio de cuentas, TDH no es el mejor libro de la serie. Se queda a una distancia mediana, corta, tal vez, de GOF y de OOP (en todo caso, mucho más cerca de esta última que de la primera). Y es que, me dicen, el cuarto libro es maravilloso por que cual novelista policiaca, la autora va dejando pistitas regadas por los pasajes del libro hasta un clímax impactante e inesperado. En lo particular, GOF ha sido el que más me ha dejado con el alma en un hilo, y por más tiempo (el gap entre los libros cuatro y cinco, en tiempo, fue el más largo).

Sin embargo, como se ha comentado mucho, TDH es un wrap-up genial a toda la serie. Ya no más explicaciones repetidas sobre quién-hizo-qué-y-cuándo, ni recapitulaciones innecesarias. Puede que esto impida a quien recién se está incorporando a la saga sentirse perdido, pero siendo honestos, ningún tarado se esperaría hasta el último libro para leer el final. En todo caso, casi todos los personajes que están vivos (y un poco los muertos) aparecen para lo que se ha llamado un "curtain call": para despedirse de quienes han crecido y se han desvelado con ellos. Es buen detalle, que, desgraciadamente, ningún escritor hace jamás. Por lo mismo, puede sonar exagerado o teatral, pero que en mi caso, agradezco de todos modos.

Lo que tal vez se extrañe es el ambiente estudiantil tan bien planteado en los seis libros anteriores. A muchos no les gustó el cambio de ambiente, y puede que tengan razón. La autora era un pez en el agua a la hora de bucear por los estanques dickensianos e incluso hessianos, por lo que no se siente tan en confianza a la hora de salir "al campo". Además, el hecho de que las novelas sean fantasía baja no ayuda demasiado a plantear de manera fantásticamente realista los escenarios bucólicos que un escritor competente de fantasía alta debe dominar a la perfección. Los pasajes que tienen lugar en el campo suenan más forzados, que, digamos, un Paolini (aun cuando éste deriva muchísimo).

Otra cosa interesante sobre el libro fue que me sentí parte de muchas épicas a la vez. Como si ésta intentara ser una suma de muchas épicas, con todos los ingredientes. Hay situaciones que recuerdan vivamente a objetos maléficos que si uno se les acerca le pervierten demasiado; situaciones que recuerdan que hay que saber entregar la cabeza cuando la misión (o la Idea que la alimenta) así lo exige y uno se ve a sí mismo elevado por el sacrificio... sólo por poner dos situaciones de los grandes titanes de la novela fantástica.

Sin embargo, es un buen colofón. Con todo y que cierta última muerte me dejó con la misma cara que me dejó Kill Bill Vol. 2 cuando escuché eso de "Did Pai-Mei teach you the five-point-heart exploding technique?" (aunque necesariamente sin el glorioso bolèro que compuso Morricone para tal efecto), la serie termina de buena manera. Tres semanas después de haber comenzado a escribir este post y con siete libros de pasta dura acomodados y tranquilos en mi librero, no queda sino darle las gracias a Joanne Kathleen Rowling por haber hecho que la juventud mundial (y a veces más que eso) aprendiera nuevas maneras de soñar.

Al fin y al cabo, para eso es la literatura.